Una España mediocre se despide del Mundial en octavos

Una España mediocre se despide del Mundial en octavos
Foto: FIFA.com
Una España mediocre se despide del Mundial en octavos

Tras un feo partido, el acierto de Akinfeev clasificó a Rusia para cuartos de final

La España del sufrimiento interminable, que enterró su brillantez desde el terremoto interno que le dejó sin seleccionador a dos días del estreno, se despidió del Mundial 2018 con un castigo a la especulación y con la mala fortuna de su pasado en la tanda de penaltis final, tras caer en la maldición del anfitrión frente a Rusia.

Instalada en una imagen alejada de la brillantez que le condujo a la gran cita de Rusia, España se despidió del Mundial sin mostrar su potencial. Con un dominio sin pegada en un duelo en el que especuló ante un rival inferior en calidad que encomendó todo a la tanda final. Los fallos de Koke y Aspas más la ausencia de una intervención de De Gea impulsaron el triste final de la leyenda Iniesta.

Bien merecerá una gran reflexión lo ocurrido sobre el estadio Luzhniki. Llegó España a la cita mundialista en plena revolución por el adiós por sorpresa de Lopetegui y no ha podido solventar sus problemas a tiempo como era de esperar. No ha alcanzado un nivel aceptable de juego en ninguno de sus cuatro partidos en Rusia, finalizada definitivamente una etapa para muchos futbolistas.

España se apoderó el balón y Rusia vivió cómodo en la destrucción. España se topó con el primer gol casi de casualidad, en una jugada de billar a tres bandas. Asensio sacó una falta lateral, Sergio Ramos intentó rematar mientras forcejeaba con Ignashevich, más preocupado del rival que de la pelota, y el veterano líbero ruso golpeó de esopakcon el tacón y sin querer a gol.

Pero el central del Barça sacó el brazo a pasear en un córner y golpeó el balón estando de espaldas. No lo dudó Kuipers, buen amigo de Ramos de batallas europeas conjuntas, y señaló penalti cuando del descanso estaba llamando a la puerta. Dzyuba, que había forzado el córner y había rematado a la mano de Piqué, selló su particular triplete batiendo con aparente facilidad a De Gea para situar el empate.

La primera prórroga del Mundial era un hecho y la presencia de Aspas sobre el césped fue el único soplo de aire fresco para el fútbol de la roja, aunque el gallego acabaría siendo el verdugo español unos minutos después, injusto señalarle. El cansancio de unos y otros acentuó el panorama en el Luzhniki, monopolizado el balón por unos y encerrados en su área los otros. Pero cada vez había menos ideas y ambos equipos se toparon de bruces con los penaltis. Y ahí murió España.

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