Hallado un submarino nazi en Estaca de Bares

Hallado un submarino nazi en Estaca de Bares
Hallado un submarino nazi en Estaca de Bares

Después de casi una década de inmersiones fallidas, gracias a un testimonio, el trío de hombres rana ha topado todo lo que quedó del submarino alemán después de ser herido de muerte por una tormenta de cargas aéreas

Eduardo Losada, de Mergullo Viveiro, y Yago Abilleira, historiador naval, acaban de localizar los espectrales despojos de esta nave sumergible para 50 tripulantes que había sido botada solo ocho meses antes en los astilleros Blohm & Voss de Hamburgo y se hundió a menos de 500 metros de Punta Maeda, en su segundo choque contra el enemigo, frente a la costa gallega. En aquella batalla intervinieron una decena de aviones, la mayoría liberators británicos y estadounidenses. Además de irse a pique el submarino, un Sunderland de la Royal Air Force fue derribado por fuego aéreo. El avión se partió en dos, y la sección de cola fue flotando hacia Ortigueira. 

Después de casi una década de inmersiones fallidas, gracias a un testimonio, el trío de hombres rana ha topado todo lo que quedó del submarino alemán después de ser herido de muerte por una tormenta de cargas aéreas. Pero también gracias a otro testigo diferente, los buzos saben dónde se halla, supuestamente, el resto del avión de guerra. "Tenemos el punto", anunció esperanzado Anxo González.

Entre soldados alemanes del navío sumergible y británicos del Sunderland Mk III, aquella jornada negra murieron 14 combatientes muy jóvenes. Los cuerpos recuperados de uno y otro bando fueron enterrados a la vez, el día 12, en el camposanto de Mogor (O Barqueiro, Mañón), y luego trasladados respectivamente al Deutscher Soldaten Friedhof en Cuacos de Yuste (Cáceres) y al British Cemetery de Loiu (Bizkaia). 

La Guardia Civil movilizó varios pesqueros de la zona para rescatar a los supervivientes con un tiempo endiablado y, salvo tres heridos, la mayoría de los marinos del ejército nazi fueron trasladados a un hotel llamado Venecia en Viveiro (Lugo). Ekkehard Wolf, el comandante de 25 años a los que su tripulación apodaba "el viejo", acabó ordenando la voladura con la bandera izada de su flamante submarino, y tiempo después fue dado oficialmente por muerto y repatriado desde Madrid con identidad falsa en un vuelo comercial.

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