Mi segunda vez con Ricky Martin

Mi segunda vez con Ricky Martin
Mi segunda vez con Ricky Martin

Ayer abrió el concierto con María 

No todos los días una queda con el hombre más guapo del mundo. La primera vez que nos vimos fue el día 7 de julio del año 2007. Bueno, él no sé si me vio a mi. Me fui a Madrid, sin maletas y sin hotel. En ese momento solo me importaba él. En mi mente solo estaba Ricky. Viaje express, de los que no pesan. Los dos éramos mucho más jóvenes. Hemos madurado durante estos años, pero entre nosotros realmente no ha cambiado nada.

Ayer, 18 de agosto de 2018, sentíamos los dos los mismos nervios. Fue nuestra segunda cita y esta vez, yo jugaba en casa. Esta vez por trabajo. 11 años después seguimos con la misma pasión. Él sigue sintiendo la misma ilusión. Ayer abrió el concierto con María. En ese momento mis lágrimas saltaron. Días antes yo le había escrito un tweet, que seguro que pudo leer, en el que le pedía que no faltase esa canción.

Tras esa canción, se desata la locura. El resto del público grita y yo con él, con Ricky. Él en directo. Impresionante, como cada vez que actúa. Luces de colores, coreografías y cambios de vestuario. Él mueve las caderas y nos hace vibrar a todos al son de Vuelve. En este momento luce un batín de seda amarillo. Sigue irresistible.

Llega el momento de "Living la vida loca". Ay, Ricky! En este momento, se encuentra en estado puro. A partir de ahí, todo se convierte en una fiesta: Fiebre; Vente Pa´Ca; Por arriba, por abajo...

Se me paraliza el corazón cuando una afortunada ourensana sube al escenario. Sí, con él. Y no, no soy yo. Lo nuestro, es más bonito a escondidas.

A los pocos minutos, otro subidón. Lanza al público una toalla con la que acababa de secar ese perfecto torso. Me gusta, él lo sabe. Se ríe. Me río. Nos reímos juntos. Y es que, a quién no le gustaría ser Ricky?.

Suenan los dos últimos temas del concierto: La copa de la vida y La Mordidita. No me puedo creer que el tiempo haya pasado tan rápido. Dan las 00:00 de la noche y se despide de Compostela con un enorme beso y un os quiero. 

Me voy a casa con la emoción en el cuerpo. Me pregunto donde se habrá alojado y si le habrá gustado la comida. Ojalá alguien le haya enseñado mi ciudad. Hasta pronto Ricky! Tú y yo, ale, ale, ale. 

Comentarios