"Yo no soy un hombre de inspiraciones, soy un hombre de trabajo"

"Yo no soy un hombre de inspiraciones, soy un hombre de trabajo"
"Yo no soy un hombre de inspiraciones, soy un hombre de trabajo"

"Contar la biografía de Martín Códax es algo que debía hacer como gallego"

Son las ocho de la tarde de un lluvioso lunes 12 de noviembre. ¿Qué se puede hacer en Santiago? Hay varias propuestas culturales en la ciudad. Una de ellas llama la atención. En la Casa del Libro de Santiago va a tener lugar una conferencia que lleva por título Los Templarios y la Inquisición: la Iglesia en la literatura. Muy interesante.

Nos acercamos a La Casa del Libro. Buen ambiente, buena afluencia de público. El acto promete. Dos son los ponentes: Francisco Narla y Teo Palacios. ¿Aprovechamos la ocasión para charlar con ellos?

Francisco Narla (Lugo, 1978): piloto de profesión, escritor de vocación. Ponente entusiasta que hipnotiza con las palabras. Viene a presentar su última novela: Laín, el bastardo. Dejamos que todo lo cuente él.

Para quien no te conozca, ¿quién es Francisco Narla?

Pues un soñador que gracias a los libros de Antoine de Saint-Exupéry encontró sus dos vocaciones, la de aviador y la de escritor. Y que empezó ganándose los garbanzos con la de aviador y que a día de hoy, porque ha conseguido encontrar la fortuna de un huequito con lectores que son capaces de comprar sus libros, puede pagar las facturas publicando novelas.

¿Cómo definiría sus novelas?

(Risa) Pues, hombre, yo espero poder decir que son muy buenas, fantásticas... (risa). Poniéndonos un poco más serios, las que me han dado más relevancia y las que han conseguido tener un poco más de proyección internacional, han sido mis novelas históricas. Y yo diría que ante todo, son novelas de aventuras con ese trasfondo histórico que les da un encuadre un poco curioso y que yo espero descubrirle a los lectores.

¿Dónde o cómo nació su afición por la literatura, sobre todo por la histórica?

Soy un lector empedernido desde pequeño. En mi casa se leía, mi padre era muy lector también con lo cual, supongo que aunque nunca me impusieron nada, fue el ejemplo que viví. Soy un lector ecléctico, leo absolutamente de todo. Sí que es verdad que he leído siempre novela histórica y eso es lo que me ha dado un hueco como escritor, pero a día de hoy sigo leyendo casi cualquier cosa que se cruce por delante. Por no hablar ya no solo de las novelas, sino cuestiones técnicas que puedas leer tanto para documentarte para las novelas como por interés. Ahora llevo unos cuantos meses enfrascado con el ajedrez, por ejemplo.

Y en sus novelas, ¿hasta dónde llega el rigor he empieza la ficción?

Siempre es difícil responder a eso porque no todas las novelas son iguales y es una línea muy difícil de determinar. Yo siempre intento que todos los elementos sean fehacientes. Trabajo muy duro para que todo el entorno y el decorado que da sentido a las acciones de mis personajes, tengan sentido históricamente. Aún así, nunca puedes tener certeza. Las historias no son matemáticas y hay muchas cosas que son subjetivas. Respecto a cómo se desarrolló un evento político o social, puede haber elementos que dependan del historiador al que leas o de que fuentes bebas. Yo intento ser riguroso, beber de todas las fuentes, con distintas opiniones. Creo que con sentido común puedes elegir un punto intermedio, apoyarte en el trabajo de historiadores que saben mucho más que tú, y buscar los hechos concretos que te pueden servir para dar ese decorado a tu historia. Mientras seas verosímil, dentro del marco que te has marcado como creador, no hay nada que se pueda negar.

¿Un piloto tiene tiempo para escribir?

Afortunadamente ahora, gracias a que los libros van bien, ya vuelo muy poquito. Y el tiempo se hace con ganas de trabajar. Da igual que seas piloto que panadero que periodista. Se trata de que tú busques tus horas en función del ansia que tengas por sacar adelante esa otra parte de tu vida, que en este caso es la literatura.

¿Imaginó alguna de sus novelas mientras volaba?

No, yo diría que no. En general no. Es verdad que tú puedes tener un momento de más descanso en un crucero largo o durante una escala. Puedes tener tiempo para ciertas cosas. Pero no, en general no. Normalmente este tipo de ideas surgen, yo no soy un hombre de inspiraciones, soy un hombre de trabajo. Cuando estás con tu documentación o con tus cosas, pues lees un detalle que te inspira algo o encuentras un determinado comentario respecto a un hecho histórico.

Por ejemplo, Ronin que trata de la expedición de samuráis que llegó a Sevilla en el siglo XVII. Yo iba paseando por Coria del Río y me topo con la estatua de un samurái. Para mí fue tan impactante, tan llamativo, que tuve que conocer la historia que había detrás. Y una vez que la conocí, me di cuenta que ahí había una novela que contar. 

Normalmente, a no ser esa excepción, yo me encuentro con las historias trabajando sobre los documentos históricos, leyendo o investigando. En el caso de Laín, yo estaba estudiando la lírica galaico-portuguesa y me encuentro con esa biografía casi en blanco de Martín Codax. Me parece que contar la biografía de Martín Códax es algo que debía hacer como gallego. 

Su última novela ha ganado el I Premio Edhasa Narrativas Históricas ¿qué supuso ese reconocimiento para usted?

Yo no me enfado como hacía Cela. Cuántos más vengan mejor. Sin embargo, en el caso del Premio de Edhasa, ha sido algo especial. Edhasa ha sido la gran editorial de novela histórica en España y también en Sudamérica.Y ha sido la que ha apostado siempre por ello. En su colección hay 15 premios nobel. Que una editorial así te dé un premio con tanta importancia como tenía en relación al 40 aniversario de la colección, es un espaldarazo que siempre viene bien. Hay que pagar las facturas, como decíamos antes, y está bien vender novelas. Pero el reconocimiento del sector y de la crítica, pues también está bien. 

¿Qué consejo le daría a una persona que quiere escribir?

Que lea mucho, y sobre todo que lea lo que no le guste. Porque a veces el escritor novel, por ejemplo, quiere escribir novela histórica y lee a gente que tiene tradición. Vale. Pero no. Lo que tiene que hacer es también leer también novela negra o novel intimista, que no le guste. Porque si las lee con ojos de escritor, no con ojos de lector, aprenderá muchísimo. Y eso que aprenda le servirá para construir sus propias historias.

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