La nieta de Franco, propietaria de un edificio donde se explotaba sexualmente a mujeres

La nieta de Franco, propietaria de un edificio donde se explotaba sexualmente a mujeres
La nieta de Franco, propietaria de un edificio donde se explotaba sexualmente a mujeres

La Policía Nacional desmanteló una organización criminal que obligaba a mujeres a prostituirse en dos edificios de Madrid, uno de ellos propiedad de la empresa de Mariola Martínez-Bordiú.

La nieta el dictador Francisco Franco, Mariola Martínez-Bordiú, ha resultado ser consejera de la inmobiliaria CM16, que posee desde 2007 en el paseo de las Delicias de Madrid un edificio que funcionó como burdel que explotaba mujeres de una forma cruel hasta la intervención de la Policía Nacional. Según datos publicados por El Periódico, Mariola forma parte desde 2003 de la directiva de la inmobiliaria, perteneciente a un conglomerado de empresas familiares y cuyo consejo de administración recibió remuneraciones de 794.000 euros en el último año. El marido de Mariola, Rafael Ardid, es también consejero delegado y presidente de dicha empresa, mientras que dos de sus hijos figuran como consejero delegado y apoderado de la inmobiliaria respectivamente.

En la operación policial que dio lugar a esta información, iniciada en mayo y concluída la semana pasada, la Policía Nacional liberó a 23 mujeres que eran obligadas a ejercer la prostitución en dos edificios del paseo de las Delicias de Madrid. Según la Unidad Central contra las Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales, se trata de un territorio dominado por una "organización criminal" que reclutaba mujeres en el extranjero con falsas promesas de trabajo y que, al llegar a España, forzaban a prostituirse para pagar la deuda contraída con los criminales. En el marco de esta  operación, denominada Desengaño, fueron detenidas 17 integrantes de la banda criminal, entre ellos el casero de la inmobiliaria de los Franco. La policía también registró los burdeles, donde encontró más de 200.000 euros en billetes.

En los 18 pisos que la red tenía en Delicias, las mujeres eran vigiladas durante todo el día mediante cámaras conectadas a los dipositivos móviles de los proxenetas, no podían abandonar los pisos ni para comer y eran explotadas en jornadas maratonianas mediante una dinámica especialmente cruel. Las más jóvenes eran colocadas en la parte superior, donde las tarifas eran más caras, y en las plantas inferiores se encontraban las mujeres más mayores. En función de su rendimiento, podían ser ascendidas o degradadas. Además, los proxenetas editaban folletos promocionales donde informaban a sus clientes de la llegada de "mercancía nueva", e incluso colocaban carteles en los edificios con la nacionalidad de las mujeres para atraer consumidores.

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