Colegio Junior's: crónica de una muerte anunciada

Colegio Junior's: crónica de una muerte anunciada
Colegio Junior's: crónica de una muerte anunciada

COMPOSTELA24HORAS.COM hace un repaso a la historia de una institución en Santiago de Compostel que se ve abocada a un final

La historia del Colegio Junior's es la crónica del auge y caída de una institución educativa en nuestra ciudad. Fundado en la década de los 70 por la familia Rey, este centro educativo privado pretendía educar en unos valores cristianos ligados a la Iglesia y conservadores.

Pronto, el colegio adquirió una fama merecida con un sistema de enseñanza personalizado, clases con pocos alumnos y una serie de actividades extraescolares para todos los alumnos con los que poder compaginar los estudios con clases como la hípica.

En aquellos tiempos para poder entrar en el colegio había que pasar una entrevista personal para conocer un poco a los alumnos así como sus inquietudes. Los profesores que daban clase estaban preparados para inculcar la enseñanza a los estudiantes y se volcaban en los alumnos, hasta el punto de que si uno de ellos suspendía más de tres asignaturas debías quedarte los fines de semana para estudiar.

Otro de los puntos fuentes era su internado para todos aquellos alumnos que por diferentes motivos no podían ir a su casa durante la semana o el curso. El propio centro disponía de pequeñas casas en las que se alojaban tanto los chicos como las chicas.

Con el paso de los años el colegio tuvo que ampliar sus instalaciones y comenzaron la construcción de un polideportivo, una piscina... realmente, el Junior's era un campus educativo en el que se satisfacían las necesidades de los alumnos.

La era dorada del colegio fue en los años 90 en la que albergó a más de 300 estudiantes de todos los cursos y el internado estaba completo. Unos años en el que el colegio vivó sus mejores tiempos y que parecía que todo iría bien.

EL INICIO DEL DECLIVE

Llegó el 2008 y con el nuevo año comenzó la crisis económica y financiera. La burbuja inmobiliaria estalló y con ella el auge económico del país se vio hundido. La capacidad económica de las familias estaba resquebrajada y por supuesto el Junior's, dependiente del dinero aportado por las familias, observó como la cantidad de alumnos fue disminuyendo. El internado, buque insignia del centro, decayó.

La situación económica fue mermando el centro educativo también. Resistió algunos años pero las deudas con valor de tres millones de euros y el déficit que sufría el colegio cada año estaban llamando a la puerta de los antiguos gestores. Los bancos cerraro el grifo del crédito a la familia Rey y se vieron abocados a vender el colegio.

LA FUNDACIÓN ARENALES

En el 2016 apareció el Opus Dei que estaba interesado en el colegio. Su idea era reflotar el colegio de las deudas y poder llevarlo a los tiempos de antaño. Aquí entra en juego la Fundación Arenales, una organización vinculada a la obra.

La idea era integrar el Junior's dentro de esa Fundación que gestionaba otros centros educativos en diferentes partes de España como Madrid o incluso fuera de nuestras fronteras. 

Poco duraría la alegría ya que la situación no mejoró. Comenzaron los impagos a proveedores, acreedores y personal, la cantidad de alumnos seguía bajando imparable hasta verse en la cifra de alrededor de 140. Situación de riesgo para la continuidad del colegio y con una deuda aumentando.

En meses de gestión, según fuentes cercanas al colegio, hablan del aumento de un millón de euros de deuda; pasando de los tres hasta los cuatro. 

Los administradores tenían en mente el cierre del colegio, incluso llegó haber contactos con la Consellería de Educación para el cierre del centro educativo. Las rumores corrían por la ciudad e incluso mucha gente daba por hecho de que el Junior's había cerrado sus puertas.

LA LLEGADA DE DIEGO ROSALES

Ante tal situación, Diego Rosales, profesor del Junior's y que gestionaba un colegio en Marín, el San Narciso, y otro en Monforte de Lemos, Escuela Infantil San Vicente de Paúl, que decidió coger el colegio y poder rescatarlo. 

En mayo del 2018 se firmó el traspaso de la empresa a Rosales que asumió la gestión. Su plan era equilibrar las deudas y pagos por lo que inició el alquiler de las instalaciones del colegio a campamentos o campus de diferentes asociaciones o de la propia Xunta. 

Llegaron los problemas con los impagos a los trabajadores ya que muchos de ellos aseguran que llevan sin cobrar desde mayo del 2018 sus correspondientes salarios. Ante la situación que estaban viviendo tuvieron que dejar el centro entre octubre y noviembre.

Llama la atención dos casos en particular: una de las trabajadoras lleva cuatro meses sin cobrar y en su contrato de trabajo se incluyó una claúsula de descuelgue salarial, la única de todos los trabajadores algo que desde la CIG consideran "totalmente irregular". Otra de las trabajadoras, después de reincorporarse de la baja maternal, se encontró sin función alguna y sin estar dada de alta en la Seguridad Social.

¿Cómo está la situación en estos momentos? Crítica. Con 40 alumnos la continuidad del colegio peligra bastante. Las deudas acucian a Diego Rosales, siguen las denuncias de trabajadores y los proveedores y acreedores siguen reclamando su dinero. 

¿El final? Está por escribirse pero todo parece indicar que es la crónica de una muerte anunciada.

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